19.3.11

LA REPÚBLICA ARISTOCRÁTICA

Acrílico sobre tela/ 60 x 70 cm / 900 soles

A veces los recuerdos proceden de otros recuerdos. Mi padre contaba cada vez que pasábamos delante de la Casa Souza en la calle Cajamarca, que ese palacete blanco y desconchado, había sido la casa de un notable minero de Hualgayoc. Tal era su fortuna que las rejas ventanas celosías y techos fueron traídos por barco desde Italia y que después mandó carrozar en Londres un espléndido Hispano-Suiza para no tener que subir al tranvía de la plebe, cada vez que iba al centro de Lima. El rugiente coche rojo era la fascinación de mi padre. Hoy todavía cada vez que lo recuerda se le ilumina la cara. Y me hace preguntar cómo sería la vida cotidiana de aquella familia adinerada. Viajaban a Paris todos los años y los domingos acudían a las orillas del Sena, como en los cuadros puntillistas de Seurat. Con toda seguridad la vasta servidumbre contemplaba con horror y curiosidad aquel despliegue de fastos, que un día acabó con la muerte sucesiva del minero y su familia. Hoy el jardín de la mansión Souza es un depósito de carretillas y la casa permanece inclinada y a merced del tiempo.