26.11.09

EXPO VIRTUAL DE PINTURA / Los poetas y Barranco

Salvar Barranco es también recuperar la memoria literaria condensada en cada calle y en cada rincón. En suma, resguardar el legado de nuestros escritores que tras la presencia del mar, nuestros árboles, y gentes, supieron reconocer la belleza y expresar nuestras emociones nunca dichas…

Eguren saliendo de su casa

Acrílico sobre tela / 45 x 35 cm / 450 soles
El autor de Simbólicas (1911) y La canción de las figuras (1916) revolucionó la poesía peruana desde su pequeño solar de la plazuela San Francisco de Barranco, donde todos los domingos por la tarde reunía a sus amigos. Acudían puntualmente González Prada, Mariategui, Pedro Zulen, Bustmante y Ballivian, Manuel Beingolea y el joven Abraham Valdelomar. Alli se recitaba entre galletas y té a Mallarmé, Baudelaire, Novalis y Danunzzio. También se conversaba de estética y actualidad. Eguren era más bien parco y solo una que otra vez, y a pedido de sus invitados, leía algún poema:
Y en la racha que sube a los techos
Se pierden, al punto, las mudas señales,
Y al compás alegre de enanos deshechos
Se elevan divinos los cantos nupciales.

Y en la bruma de la pesadilla
Se ahogan luceros azules y raros,
Y, al punto, se extiende como nubecilla
El mago misterio de los ojos claros.

Nelly Fonseca, el mar y la soledad

Acrílico sobre un tablón de madera / 110 x 40 cms / vendido MSD
La recuerdo en su silla de ruedas mirando por la ventana de su casa de San Martín en Barranco. Se vestía de hombre y firmaba sus poemas como Carlos Alberto Fonseca. Muy joven sufrió una seria lesión en la médula y quedó baldada para siempre. Sus febriles poemas hablan del mar y la soledad. Recientemente el centro cultural de España hizo una edición comentada de su obra. Allí aparece un cuento que escribí sobre ella. Les doy el link, a los que quieren leer algo más:

Martín Adán y la casa de cartón

Acrílico sobre tela / 50 x 35 cm / 450 soles
Un muchacho de 16 años salía de su casa de la calle Sanchez Carrión todas las mañanas, rumbo al tranvía que lo llevaría al Colegio Alemán. Nadie por entonces sabía que aquel colegial estaba escribiendo la primera novela moderna de nuestra literatura. Nunca olvidaré cómo me impresionó, adolescente todavía, esta línea de La casa de cartón: “Mi primer amor tenía doce años y las uñas negras”. Hoy la casa donde vivió Martín Adán es ocupada por una discoteca del boulevard, que ha alterado sustantivamente su fachada.

Ya ha principiado el invierno en Barranco; raro invierno, lelo y frágil, que parece que va a hendirse en el cielo y dejar asomar una punta de verano. Nieblecita del pequeño invierno, cosa del alma, soplos del mar, garúas de viaje en bote de un muelle a otro, aleteo sonoro de beatas retardadas, opaco rumor de misas, invierno recién entrado…Ahora hay que ir al colegio con frío en las manos. El desayuno es una bola caliente en el estómago y una dureza de silla de comedor en las posaderas, y unas ganas solemnes de no ir al colegio en todo el cuerpo.

José Watanabe y el cine

Acrílico sobre tela / 40 x 30 cm / 450 soles
Además de poeta, "Wata" fue guionista de muchas películas peruanas y director de algunos documentales. Vivió en Barranco una larga temporada y alguna mañana lo encontré haciendo unas tomas en el Puente de los Suspiros para un programa de canal 7, del cual era director. De aquel recuerdo tomé este apunte.

Calvo y Heraud, poetas jóvenes

Acrílico sobre tela / 50 x 35 / vendido CH
Javier Heraud y César Calvo caminando por Barranco, en los tiempos en que fundaron La casa de la poesía. Ambos poetas compartieron además el premio al poeta joven del Perú de 1960. La generación del sesenta tuvo aquí en Barranco su refugio, y su guarida. Luego Heraud murió acribillado en Puerto Maldonado y César Calvo marchó a Europa donde tuvo una azarosa vida, no exenta de luces y sombras. Pero cómo olvidarnos del Nocturno de Vermont…
Me han contado también que allá las noches
tienen ojos azules
y lavan sus cabellos en ginebra.
¿Es cierto que allá en Vermont, cuando sueñas,

el silencio es un viento de jazz sobre la hierba?

El sueño del gordo Delucchi

Acrlico sobre tela / 45 x 20 / vendido CP
Durante los ochenta y los noventa, la casa de Rafael en el jirón Ayacucho fue un centro informal de cultura y artes. Allí soñábamos con hacer películas, y escribir novelas, con obras de teatro y grupos de danza. Muchos pintores, entre ellos Enrique Polanco, tuvieron allí sus talleres y no era difícil que tras una puerta se apareciera un enorme otorongo (jaguar americano). Esta casa de estilo italiano que hoy está casi en el suelo, era un lugar preciado para ver los atardeceres naranjas y violetas de Barranco.

Eguren y Vallejo en Sáenz Peña

Acrílico sobre canvas / 30 x 40 cm / vendido
Antes de viajar a Europa, Vallejo vivió unas breves semanas en Barranco, en la casa del poeta de la lámpara azul. Durante aquella estancia ambos caminaron y conversaron por sus calles y playas, recogiendo guijarros, pequeñas caparazones de moluscos y algunos versos. Vallejo dirá tras un paseo por el distrito:

De regreso, miro Barranco, con sus calles rectas pobladas de alamedas; con sus helechos arborescentes y sus pinos. La hora virgiliana, turquesa y verde enérgico. Y el mar de rica plata.

La Iglesia de la Ermita antes de 1940

Acrílico sobre tela / 50 x 35 cm / 450 soles
El puente de los suspiros era más largo y la iglesia se mostraba distinta, con otras torres y un azul añil que fue su color tradicional. Delante pasea un cura sin cabeza, símbolo de la tradición barranquina y metáfora de nuestros tiempos. ¿Qué cura la tiene?

La subida de la Oroya

Acrílico sobre tela / 30 x 35 cm / vendido SBG
La subida de la Oroya. Esta ruta hoy es invisible a los ojos por culpa de un restaurante del congresista Carlos Bruce. Las zigzagueantes escaleras de la Oroya comunican la Bajada de Baños con el malecón Castilla, que está en proceso de privatización. La casa Delucchi muestra solamente su esqueleto y el estado ruinoso del resto de aquel vecindario amenaza este rincón, quizá uno de los más hermosos que aún se conservan del Barranco antiguo.

Puentecito escondido

Acrílico sobre tela / 25 x 40 cm / 400 soles
Chabuca Granda vivió en la célebre Bajada y amó Barranco. La gran poeta del vals le cantó al puente de los suspiros “escandido entre follajes y añoranzas” y que cruzaba “la herida de una quebrada” y lo hizo universal.

24.11.09

Piqueras, el mimo de la bajada

Acrílico sobre tela / 45 x 35 cm / vendido


El rumor silente de sus ensayos se escucha desde hace décadas en esta casa de la bajada de Baños. El mimo Piqueras sale impalpablemente a caminar entre las arboledas de ficus para sorpresa de los chicos del barrio. Este quijote empolvado de blanco es un monumento imperceptible de la vida barranquina.

Mi casa derruida de Barranco

Acrílico sobre canvas / 45 x 35 cm / vendido

Mi casa derruida de Barranco. Salí de ella a los cuatro años pero permaneció en mis afectos porque era la depositaria de mis juegos y fantasías. Lamentablemente nunca quedó testimonio gráfico de esta casa. Como recuperando mi infancia la he reconstruido en una mañana de domingo. Mis padres, Cota y Estuardo esperan en la puerta de San Martín 125 el paso del tiempo.

Polirritmo dinámico de la motocicleta.

Acrílico sobre canvas / 45 x 35 cm / 450 soles

Juan Parra del Riego ganó los primeros Juegos Florales de Barranco (1913) antes de los 20 años, con trece hermosos sonetos. Luego se convirtió en un adalid del futurismo en el Uruguay escribiendo poemas a la máquina, al ferrocarril y a su motocicleta "que era alegre como el sol". Seguramente recordó al Barranco de su juventud cuando escribió:

Zumban los pedales, palpita la llanta
y en la traquearteria febril del motor
yo siento que hay algo
que es como mi ardiente garganta
con mi explosionante secreto interior.
Y corro…corro…corro…
Estocada de mi ruido que atraviesa la ciudad
y ensarto avenidas… suspiro una rambla… disloco una esquina
y envuelvo en las ruedas
la vertiginosa cinta palpitante de las alamedas…

El loco Achote caminando por centenario.

Acrílico sobre trupán / 50 x 35 cm / 450 soles

Hasta el 2004 el loco Achote era un personaje frecuente en Barranco. Con sus grenchas rojas paseaba su locura, asido siempre a una botella de alcohol. Era todavía joven, odiaba a los policías y vivía de pedirle un sol y un cigarrito a sus amigos presuntamente cuerdos. Un día desapareció en la fosa común y nunca supimos más de él. Nunca más los vimos errando por la avenida Centenario. He aquí un testimonio de una amistad tardía.

César Moro rumbo al mercado


Acrílico sobre trupán / 45 x 35 cm / vendido CTS

El autor de La tortuga ecuestre vivió en un rancho de la Bajada de los Baños con André Coyné. Mi madre, que era muy amiga suya se lo encontraba casi todos los días rumbo al mercado. y hablaban de pintura y poesía.

Un pie más alta
que la sombra que el muro proyecta
Sobre el mar

(tomado de Amor a muerte, Río Tigre editores, Lima, 2009)

30.1.09


Avenida Pedro de Osma invadida / acrilico sobre canvas / díptico 80x60 / vendido



Calle Domeyer / acrílico sobre tela / 30x20 cm / vendido
Calle barranquina / acrílico sobre tela / 30x20 / vendido
Puente de Barranco / Acrílico sobre cartón / 50x30 / vendido

Bajada de la Oroya / acrílico sobre cartón / 4ox30 cm / 450 soles

Paisaje interior de la Casa Delucchi / acrílico sobre canvas (díptico) /90x30 cm / vendido
Vieja Iglesia de la Ermita / acrílico sobre tela / 45x3o cm / vendido

La vieja iglesia de Barranco está al borde de su desaparición. El local que es propiedad del municipio barranquino está en total abandono, cuando debería ser utilizado como teatro.