21.12.10

Jasón y los Argonautas (cuadro en proceso)

Acrílico sobre trupán / 170 x 40 cm / 1200 soles

Cuando Jasón cumplió los veinte años, se dirigió a Yolcos dispuesto a recuperar el trono que por herencia le pertenecía, pero que había sido ocupado por su tío Pelias. En el camino, tuvo que cruzar un río donde perdió una de sus sandalias. Al llegar a la ciudad, fue llamado por el gobernante en ejercicio pero Pelias al darse cuenta de que aquel sobrino podía ser el hombre que lo mataría, según anunciaba el oráculo, decidió alejarlo de su tierra enviándolo a una misión imposible: viajar hasta la Cólquida, al pie del Cáucaso, y traer de allí el vellocino de oro, que era la fina piel de un carnero fabuloso.


Jasón, acompañado de un grupo de unos cincuenta héroes griegos entre los que destacaban Orfeo, Cástor, Pólux, Hércules, Teseo, y Laertes, organizó la expedición. Le encargó a Argos, la construcción del navío y sus distinguidos tripulantes tomaron el nombre de Argonautas. Después de detenerse brevemente en la isla de Lemnos, donde sólo habitaban mujeres, llegaron a Salmideso donde encontraron a Fineo, un adivino ciego, al que los Argonautas ayudaron a deshacerse de las Harpías, monstruos voladores con rostro de mujer, garras y alas. En agradecimiento Fineo informó a los Argonautas sobre el camino a seguir hasta la Cólquida y además les dijo cómo podían superar los peligros que les acechaban. Cuando finalmente llegaron a su destino fueron comunicados de que el vellocino tenía dueño, el rey Eetes de la Cólquida y que solo podrían llevarse la piel del mitológico animal si conseguían uncir a los dos toros que lo custodiaban, arar un campo con ellos, y arrojar sobre los surcos unos dientes para vencer a una serpiente que nunca dormía y que permanecía al pie del árbol donde se hallaba el vellocino. Entretanto Medea, la hija del rey Eetes, que era bruja y hechicera, se enamoró apasionadamente de Jasón y ayudó a éste a llevar a buen término su hazaña. Habiendo conseguido uncir a los toros, Jasón lanzó los dientes sobre los surcos hechos en la tierra. De ellos brotaron cientos de hombres armados que se lanzaron contra él, pero éste, siguiendo las instrucciones de Medea, arrojó una piedra entre ellos y los ejércitos dejaron de atacarlo y se enfrentaron entre sí. Luego, Medea provocó un terrible sueño a la serpiente, y Jasón pudo apoderarse de la preciada piel y huir con sus hombres y su amante.

En el camino de regreso los argonautas debieron sortear otros tantos peligros: tempestades, el asedio de las Sirenas, el ataque de los monstruos Escila y Caribdis. Finalmente cuando llegaron a Yolcos, Pelias recibió de manos de Jasón el preciado vellocino y casi en el acto murió, debido a una artimaña de Medea.