La amistad solo puede nacer de la virtud. Platón, en el diálogo de Lisis Vivíamos en la misma calle y no lo sabíamos. Yo pasaba diariamente por su puerta rumbo al paradero y siempre me preguntaba quién sería ese muchacho flaco y de ojos azules que regaba aquel jardín. Con los días el cosmos encontró una nueva ordenación, y los acontecimientos se confabularon. La azarosa sincronicidad de los hechos de la que hablaba Karl Jung. Lo cierto es que revisando papeles en mi oficina me encontré un boletín, con noticias y artículos sobre el panorama de los barrios de Lima. Había entrevistas, comunicados, fotos, y una suerte de columna de opinión. La hojeé. Era austera, pero se dejaba leer, cosa rara en las publicaciones de este tipo. La dirigía un personaje con nombre sugerente. ¿Quién es Paul Maquet? pregunté al aire en la oficina. Es tu vecino, me respondió el jefe del proyecto. Vive en tu misma calle, y está casado con una de las numerosas hermanas Valdeavellano, que valgan verdad...
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La niña y la lámpara azul
Acrílico sobre tela/ 30 x 40 cm. / vendido JO
José María Eguren cultivaba a la vez la poesía, la acuarela y la fotografía. En algunas ocasiones, premunido de una diminuta maquina de fotos construida por el mismo dentro de una caja de fósforos, salía de su casa de la plazuela de San Francisco y capturaba una flor, una niña, o el aroma de la tarde. Luego volvía a su casa y se entregaba largas horas a revelar el pequeño negativo y ha traspasar la imagen al papel. Cómo él mismo decía, vivía “ cercando el misterio de las palabras y de las cosas que nos rodean " .
La Niña de la Lámpara Azul
En el pasadizo nebuloso cual mágico sueño de Estambul,
su perfil presenta destelloso
la niña de la lámpara azul.
Ágil y risueña se insinúa, y su llama seductora brilla,
tiembla en su cabello la garúa
de la playa de la maravilla.
Con voz infantil y melodiosa en fresco aroma de abedul,
habla de una vida milagrosa
la niña de la lámpara azul.
Con cá...
Polirritmo dinámico de la motocicleta.
Acrílico sobre canvas / 45 x 35 cm / vendido PN Juan Parra del Riego ganó los primeros Juegos Florales de Barranco (1913) antes de los 20 años, con trece hermosos sonetos. Luego se convirtió en un adalid del futurismo en el Uruguay escribiendo poemas a la máquina, al ferrocarril y a su motocicleta "que era alegre como el sol". Seguramente recordó al Barranco de su juventud cuando escribió: Zumban los pedales, palpita la llanta y en la traquearteria febril del motor yo siento que hay algo que es como mi ardiente garganta con mi explosionante secreto interior. Y corro…corro…corro… Estocada de mi ruido que atraviesa la ciudad y ensarto avenidas… suspiro una rambla… disloco una esquina y envuelvo en las ruedas la vertiginosa cinta palpitante de las alamedas…