José María Arguedas habría cumplido cien años. En estos días releí sus obras, investigué su vida y comencé a escribir un ensayo sobre sus novelas. Quería reconstruir la trama de su tragedia, el rompecabezas de su dolor, y las piezas ocultas de su desamparo y hasta su marginalidad literaria. Como en las tablas de Sarhua intentaba contar su historia y la de sus historias. Todavía no terminaba de encontrar las claves de su mente y mi cabeza ya bullía de imágenes que finalmente capté sobre una tela. A la semana el espacio parecía pequeño para seguir contando su vida. Decidí anexar otro lienzo para expandir el cuadro. Entre veladuras y graduaciones de color comencé a percibir un mensaje secreto. El resultado está a la vista. Arme usted el puzzle de Arguedas como quiera.
Martín Adán y la casa de cartón
Acrílico sobre tela / 50 x 35 cm / vendido CS Un muchacho de 16 años salía de su casa de la calle Sanchez Carrión todas las mañanas, rumbo al tranvía que lo llevaría al Colegio Alemán. Nadie por entonces sabía que aquel colegial estaba escribiendo la primera novela moderna de nuestra literatura. Nunca olvidaré cómo me impresionó, adolescente todavía, esta línea de La casa de cartón: “Mi primer amor tenía doce años y las uñas negras”. Hoy la casa donde vivió Martín Adán es ocupada por una discoteca del boulevard, que ha alterado sustantivamente su fachada. Ya ha principiado el invierno en Barranco; raro invierno, lelo y frágil, que parece que va a hendirse en el cielo y dejar asomar una punta de verano. Nieblecita del pequeño invierno, cosa del alma, soplos del mar, garúas de viaje en bote de un muelle a otro, aleteo sonoro de beatas retardadas, opaco rumor de misas, invierno recién entrado…Ahora hay que ir al colegio con frío en las manos. El desayuno es una bola caliente en el estóm...
